[Reto 52] 10. Guardián espacial

10. Haz una historia con un protagonista que evoque tu niñez.

Me desperté de repente, entraba mucha luz en la habitación, pero… ¡alto!¡un momento! ¿Dónde se supone que me encontraba? Me puse de pie, sobre la cama, era una cama gigante, de unos 10 metros por lo menos de largo. Salté un poco para cerciorarme de que se trataba de una cama y no de algo raro que se le pareciera. Miré a mi alrededor, todas las cosas parecían ser enormes en comparación con mi cuerpo, o es que yo había empequeñecido. Aquello debía de ser otro planeta, estoy seguro. Apreté el botón de mi traje espacial para comunicarme con la base.

—Buzz Lightyear a mando estelar. Adelante mando estelar. —no hubo respuesta. — Mando estelar responda. ¿Me reciben? … ¡Por qué no contestan!

Miré alrededor y ahí estaba, mi nave espacial. No recuerdo cómo había llegado hasta allí pero seguramente del golpe me había quedado inconsciente. Quise ponerme en contacto con mis compañeros, pero la nave estaba destrozada. Acerqué el brazo a la boca y empecé a hablarle al micrófono.

—Buzz Lightyear, diario de viaje estelar. Mi nave se ha desviado de su rumbo y he aterrizado en un…

—¡HOLA!

Me sobresalté. ¡Ahí delante había un mono que hablaba!

—Me llamo Poppi y este es el cuarto de Miriam. Y bueno también ha habido una pequeña confusión, verás este es mi sitio. Esta cama me pertenece, yo estoy al mando aquí.

—Oh, bueno. Eh, si, yo soy Buzz Lightyear, guardián espacial. Mi nave ha aterrizado aquí por error.

—Y tanto que se trata de un error. La cama es MI sitio y tú no puedes estar aquí.

—Claro, claro. Tengo que reparar un par de averías y luego… ¡Cuidado!

Me abalancé sobre el mono y apunté con el laser un par de cabezas que asomaban. Eran un leopardo, un conejo y dos perros. Vaya combinación mas rara.

—¿Conoces a estos organismos vivientes? —pregunté sin dejar de apuntarles entre los ojos.

—Si, son los juguetes de Miriam.

—Ah, de acuerdo. — Solté a Poppi y me incorporé animándolos a subir a la cama gigante. — Soy Buzz Lightyear, vengo en son de paz.

Se acercaron todos al tuntún y empezaron a hablar y preguntar cosas a la vez, yo no entendía nada y todos me tocaban los botones del traje espacial, admirándose de mi increíble tecnología.

—Vaya —dijo el conejo. — Ez imprecionante. ¡Tienez un lazer! —Todos corearon un “Oh” al unísono. — Ninguno de nozotroz tiene un lazer.

— Por Dios. No es un láser — Se mofó Poppi — Es una lucecita dentro de una bombilla roja

—Si, si, lo que tu digas. —contestó el leopardo.

—Vale ya se que es el nuevo juguete de Miriam pero…

—¿Juguete? — respondí yo. Supuse que intentaba referirse a mí de mala manera para ponerse por encima y quedar de superior ante el grupo.

—Perdona pero la palabra que estas buscando es guardián espacial.

La palabra que estoy buscando, no la puedo decir porque hay juguetes preescolares delante.

—Tampoco te pases con él, Poppi —dijo una perrita pequeña con voz dulce, escondiéndose detrás del leopardo.

—¡Ohg! Chicos, es un JUGUETE, por el amor hermoso. No lucha contra el mal, ni tiene un láser de verdad, ni vuela.

Desplegué mis alas para dejarlo mal. Que no volaba decía, pues se lo iba a demostrar. Aquella manada soltó otro “oh” conjunto cuando vieron mis maravillosas alas moradas. Tecnología avanzada.

—¿Enserio? Pero si son de plástico, ¿no lo véis? Y del malo. —Poppi empezó a tocarme las alas, y lo que no son alas. — Y no, es imposible que vuele con eso.

—Disculpa, si puedo volar con eso.

—No, no puedes.

—Sí. —me reí irónico. ¿Acaso me estaba retando? —Puedo.

—¡No!

—¡Sí!

—¡No, no, noooooo!

—Me estoy cansando de tantas tonterías.

—Muy bien, entonces demuéstralo.

—Pues claro que lo haré. —me subí al alféizar de la ventana, justo al lado de la cama y el resto vino detrás de mí para contemplar el espectáculo. Les daría algo de lo que hablar. Me puse en posición, cerré los ojos y respiré profundamente. — Hasta el infinito, y más allá.

Entonces salté. Extendí los brazos y empecé a volar por el aire. Aquella pandilla se quedó maravillada, lo que no sabían es que mi cuerpo estaba controlado por un control remoto que manejaba Miriam desde el jardín. Nunca les dije mi secreto, pero ese tal Poppi recibió una lección y yo me convertí en el líder del grupo, y en el favorito de Miriam.

El favorito, claro está, hasta que llegó ese maldito cacharro llamado móvil. A partir de entonces serví como objeto de decoración en su estantería hasta que se aburrió de mí y escondió en una caja del trastero.


Las frases en cursiva las he sacado directamente de la película para que encajara bien la escena.

Me he basado obviamente en una de las escenas típicas de Toy Story adaptada a mi infancia y a mis juguetes personales.

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