[52 retos] 7. Mayo

7. Da voz a los recuerdos y ofrece una solución en forma de historia para un personaje que pierda la memoria cada día.

Estaba leyendo tranquilamente el periódico en mi habitación, justo al lado de la ventana. A esas horas de la mañana ya entraba el sol y me encantaba sentarme en la butaca de al lado de la cama a leer las noticias del día y dejar que los rayos acariciaran mi piel arrugada por los años. Alguien llamó a la puerta.

—Toc, toc. ¿Se puede? Buenos días Fernando, hoy tiene usted visita.

—¡Hágala pasar! Me encantan las visitas.

La enfermera se retiró y entró en mi cuarto una dulce muchacha que, a ojo, debería tener entre 13 y 14 años. Era una muchacha de pelo castaño, con gafas rojas redondas y nariz respingona. Las mejillas eran coloreadas y traía consigo una mochila.

—Pero bueno, que niña más bonita. Siéntate por favor. —le ofrecí asiento en una pequeña mesa que había al otro lado de la habitación. —¿Cómo te llamas muchacha?

—Soy Iris.

—Iris, que nombre tan bonito. ¿Cuántos años tienes Iris y qué has venido a hacer aquí?

—Tengo 13 años abuelo, y he venido a visitarte. Soy tu nieta ¿no te acuerdas de mí?

—¿Mi nieta? —me puse a pensar, pero no recordaba que tuviera ninguna nieta, o tal vez sí. —¡Ah, claro! Iris, sí. Mi nieta.

—Te he traído una cosa que hemos hecho en el colegio. —Sacó de la mochila una foto de los dos, con un perro labrador negro y un chaval al otro lado. La foto estaba enmarcada con mondadientes pintados. El marco estaba muy trabajado, se sostenía solo por detrás y todo.

—¡Qué bonito cariño! ¿Lo has hecho tú? Oh, pero ¿qué no tienes colegio hoy?

—Hoy es sábado.

—¿Ah sí? —me reí a carcajadas y ella sonrió también. — Me gusta el color que has elegido para el marco. Es mi color favorito.

—Lo sé, también el mío.

— Y dime, ¿quién es el muchacho que aparece con nosotros?

—Es Félix.

—Félix. Ya veo.

—Félix es mi hermano mayor. —seguí mirando la foto sin acordarme de ese tal Félix. — hijos de tu hija Nadia.

—Oh, sí. Nadia. Ahora que lo dices, te pareces mucho a ella. ¿Dónde está? ¿No ha venido contigo a visitarme?

—No, mamá trabaja los sábados y me deja contigo por las mañanas para que juguemos al parchís, paseemos por el parque y comamos tortas con el té.

Como Iris predijo, estuvimos toda la mañana ocupados charlando. Me contó muchas cosas que no sabía sobre ella, y yo le conté también cosas sobre mí. Intentaba no aburrirla, pero para mí era un poco frustrante, no recordaba que Iris me hubiera visitado antes y no sabía si le había contado ya lo que le estaba contando en el momento, por lo que la conversación era muy torpe por mi parte, pero a ella parecía no importarle, así que yo seguía hablando y hablando, hasta que ella cambiaba de tema.

A la hora de la comida, Iris se despidió de mí.

—Mañana volveré por tu cumpleaños.

—¡Si mi cumpleaños no es hasta mayo!

—Abuelo estamos en mayo.

Mi nieta se rio, seguramente por mi cara perpleja en aquel momento. Miré el calendario. 6 de mayo.

—Qué cabeza tengo, tienes razón. Mañana es mi cumpleaños. Pues me alegro que vengas a verme, me haces muy feliz pequeña.

—Mañana vendré con Félix, mamá y papá.

—¿Quién es Félix?

—Félix es mi hermano, abuelo. ¿No te acuerdas de él? —intenté acordarme, pero por más que intentaba rebuscar en mis recuerdos, no conseguía hacerme con ningún Félix— no te preocupes, si no te acuerdas mañana tendrás ocasión de conocerlo. Él te quiere mucho.

Me rodeó con sus bracitos en un abrazo y me despedí de ella con un beso en la cabeza. Cuando se hubo marchado, puse la foto en mi mesita, justo al lado de la cama. ¿Sería Félix el muchacho que había en la foto? Bueno, mañana lo averiguaría.

A la mañana siguiente me desperté con la primera luz del sol y lo primero que vi fue la foto de la mesita. ¿Desde cuándo tenía una foto allí puesta? Era yo, y estaba con dos niños y un perro, pero ¿quiénes eran? Escruté sus rostros pero no me acordaba de aquel día, ni de que me hubiera sacado una foto.

La mañana transcurrió normal en el asilo hasta que, por la tarde, llamaron a mi puerta.

—Fernando, ¿está usted disponible? Ha venido su familia a visitarlo.

—¿Visitas? Que pasen, que pasen. ¡Qué alegría!

La enfermera se fue y entraron mi hija Nadia con su marido y dos niños. Todos me dieron dos besos, uno en cada mejilla, y se acomodaron.

—Felicidades, papá. —mi hija me dio una caja envuelta en papel y todos miraron expectantes. Yo estaba alucinando.

—¿Acaso celebramos algo? —no sé si dije un chiste, pero todos se rieron.

—Hoy es tu cumpleaños. ¡Ya van 87 años!

—Pero si mi cumpleaños no es hasta mayo.

Me hicieron toda la explicación, abrí la caja y saqué de ella una libreta de tapas negras de cuero. La abrí y habían escrito unas dedicatorias cada uno de ellos. Me puse las gafas de cerca y leí cada una con mucho cuidado, pues mi vista empezaba a fallar.

—¿Iris? ¿quién es Iris?

—¡Soy yo, abuelo! —miré a Iris y sonreí.

—Ahora que me fijo, te pareces mucho a tu madre, sí que es verdad.

—Te hemos comprado un diario para que escribas todo lo del día a día para que puedas releerlo siempre que quieras y acordarte de todo.

—¿Acordarme? Pero si tengo una memoria de elefante. —todos se rieron y yo dejé el diario en la mesita, al lado había una foto, ¿desde cuándo estaba aquello allí?

Pasamos la tarde juntos, me sacaron de la residencia y cenamos en mi restaurante favorito, luego fuimos al lago a echarle pan a los patos, y de nuevo a la residencia.

—Cuídate Papá, espero que apuntes todo lo que hemos hecho hoy en tu diario. Iris volverá el sábado a verte. —mi hija me dio un beso en la mejilla y lo mismo hicieron todos los demás antes de irse.

Que escribiera en mi diario. ¿Qué diario? ¡Ah! Ese de la mesita. Lo cogí y busqué un boli, pero cuando me senté en la mesa se me olvidó lo que iba a hacer. Claro, era tarde y yo estaba cansado, así que me acosté y miré por la ventana desde la cama. El viento mecía las hojas que empezaban a salir en los árboles. Me dormí pensando en qué mes del año debíamos estar.

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3 comentarios en “[52 retos] 7. Mayo

  1. ¡Maravilloso! No sé si era tu intención o es que yo también lloro siempre con todo, pero me han saltado las lágrimas. Imposible no acordarme de mis abuelos que aunque están bien de salud por suerte de la vida, son también muy mayores… Pero aunque lo pase mal, me encanta emocionarme con lo que otras personas escriben.

    Gracias ❤

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