[Reto 52] 5. Fugitiva

5. Usa la frase: “En el oeste se encontraban las ciudades de los muertos” para hacer una composición creativa.

Hacía ya un año que me habían internado en el reformatorio Soft Whistle, de hecho, hoy era mi “aniversario” en aquel centro, pero no iba a pasar ni un día más allí dentro. Tenía un plan, y hoy todos mis esfuerzos iban a verse recompensados. Había reunido suficiente dinero como para pagar a uno de los guardias y que me dejara libre en la mudanza de aquella tarde. El resto corría por mi cuenta. Había tenido suerte, nunca se nos permite salir del recinto, pero el reformatorio sufría problemas estructurales que con la humedad de las últimas lluvias empezaban a ser peligrosos y nos trasladaban a un reformatorio nuevo mucho más grande y moderno.

Pero bueno, lo importante es: ¿Cómo había conseguido dinero? Pues había tenido que ceder mi parte del almuerzo y de la merienda y revenderla por dos chavos y me turnaba con otras compañeras para limpiar los baños, pero sin duda lo más asqueroso había sido vender mi cuerpo todos los jueves. Tim era mi única esperanza para escapar de allí, aunque un poco bruto en la cama. No me importaba. ¿Qué es un año de esclavitud frente a la libertad de toda una vida?

En un año había conseguido reunir 200 euros con los que pagar a Tim para que se “despistara” y me dejara huir, otros 50 los había destinado a ropa para deshacerme del uniforme reglamentario, y todavía me quedaban 50 más para emergencias, transporte, comida, lo que fuera que necesitase una vez libre. ¿No está nada mal verdad? Trabajé muy duro para hacer el trabajo sucio que no quería hacer el resto. Já, ellas disfrutaban viéndome pringar, pero a diferencia de ellas, yo iba a salir de aquí.

No sabía exactamente lo que iba a hacer cuando saliese, pero lo primero era lo primero, luego ya habría tiempo de pensar. Sonó la campana que anunciaba que teníamos que formar en el patio. Las esposas me pesaban más que de costumbre, los autobuses estaban listos y las puertas dobles metálicas abiertas de par en par. El corazón se me salía del pecho. La seguridad era máxima y no pensé que mi plan fuera a funcionar, había mil ojos por todas partes.

El trayecto en bus fue muy largo, parábamos cada dos horas, y cuando pasaron seis horas desde que habíamos salido descansamos en una zona de picnic. Primero bajaron los guardias y rodearon la zona por completo para que no hubiera peligro de huida. De todas formas, con las manos y los pies esposados una no podía irse muy lejos. Busqué a Tim con la mirada, pero él me ignoraba. ¿Me habría engañado? No, Tim era legal, lo conocía.

Una vez con el estómago lleno y las vejigas vacías subimos de nuevo al autobús. Otro viaje de seis horas con pequeñas paradas para estirar las piernas y mear. En una de esas paradas bajé con otras compañeras pues sentía que iba a explotar, pero una vez dispuesta a volver al bus, Tim me agarró del brazo.

—Esta es tu oportunidad Chloe. —dijo mientras me quitaba las esposas con sus llaves. —agáchate junto a aquel seto de allí, te he dejado una bolsa con la ropa y todo listo. Dirígete por la misma carretera por la que hemos venido, encontrarás una gasolinera no muy lejos de aquí, desde allí puedes hacer autoestop o pedir un taxi, o robar un coche, lo que veas, pero no te conviene dejar muchas pistas. Hacia el Oeste se encuentran las ciudades de los muertos, es la dirección más segura pues en la ciudad es más fácil pasar desapercibida. Mucha suerte pequeña.

Se guardó mis esposas en el bolsillo de su uniforme y me tendió un teléfono móvil del año catapún. No añadió nada más y con la mano me indicó que me fuera al seto. Le hice caso y me quedé escondida, viendo por entre las ramitas cómo subían mis compañeras al bus y como Tim informaba de que estaba todo en orden. El autobús arrancó y dejó a su paso un rastro de humo.

Ya está. Ya era libre. Me cambié de ropa, -¡que gusto ponerme de nuevo unos vaqueros y una camiseta de tirantes!-, esperé un par de minutos allí escondida por prudencia y, una vez estuve segura y me cercioré de que aquello era real, inicié mi regreso por la carretera. Respiré el aire, que ahora olía diferente. Sonreí. Hacía tanto tiempo que no sonreía… cambiaría de vida, de identidad, de ciudad, de familia.

Camino a la gasolinera ojeé el móvil, allí solo había un número apuntado, el de Tim. Pobre iluso, ¿acaso tenía esperanzas de que lo llamara algún día? A partir de ahora formaba parte de mi pasado. Borré el número y tecleé el de tía Gretchen. Sonó cuatro veces antes de que saltara el buzón de voz.

—He escapado. Ahora vas a pagar por lo que me has hecho. Será mejor que te escondas, o te mudes, porque cuando te encuentre vas a desear no haberme conocido nunca. Si mis padres siguieran vivos nada de esto habría pasado, pero tú has querido empeorar las cosas y ahora me toca a mí arreglarlas. No pararé hasta que estés a dos metros bajo el suelo. Zorra.

La amenaza no iba en serio. No me sentía capaz de enfrentarme a la justicia teniendo ya antecedentes, unos antecedentes falsos que nunca cometí pero que mi tía afirmó rotundamente como testigo visual. Pero me conformaba con que sufriera, con que se pasara las noches en vela pensando cuándo iba a llegar esa venganza. Quizá algún día la cumpla, pero por el momento me tocaba vivir y saborear mi libertad. Día 365, la ciudad de los muertos me esperaba. ¿Qué habría allí? No me importaba, muertos o vivos no me asustaban, por fin era dueña de mi propia vida.

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