[Reto 52] 4. La elegida

4. Escribe una historia en la que salves la situación con un mayúsculo deus ex machina.

Todo el mundo parecía muy feliz, pero yo no podía dejar de pensar en ello. Había un psicópata suelto por el país que se dedicaba a matar chicas jóvenes y disfrutaba viendo la desesperación de los que tenía alrededor, intentando protegerla en vano.

Aquel hombre elegía a sus víctimas al azar, y ya no solo les hacía saber que iba a ir a por ellas, sino que avisaba a la policía para que el juego adquiriera un nivel de dificultad mayor. Le divertían las cosas complicadas, le gustaba ver la cara de la gente cuando, sin saber cómo ni cuándo, la víctima en cuestión desaparecía frente a los ojos de todo el mundo. 

Una vez desaparecían esas chicas, ya nadie era capaz de encontrarlas hasta que, unos días después, alguien encontraba su cuerpo tirado en medio de la calle. Los análisis del forense eran siempre diferentes, algunas habían sido envenenadas, otras sometidas a amputaciones, otras asfixiadas… todas habían sufrido y gritado hasta desgastar sus cuerdas vocales, todas, sin excepción, habían agonizado hasta que la muerte se las llevó de la mano.

— … y que cumplas muchos más! — todos terminaron de cantar y soplé las velas. Cuando se llevaron la tarta para partirla me quedé allí, mirando a mi alrededor. Era una gran sala, llena de gente, de mesas y sillas, de camareros que servían a toda mi familia. Aquel día no habíamos reunido para celebrar mi cumpleaños. ¿Podía algo salir mal? Desde luego.

Mi móvil vibró en el bolsillo de mi chaqueta, lo cogí y leí la notificación. Era un nuevo SMS. Mis dedos temblaron al desbloquear la pantalla. Unas letras negras sobre fondo blanco decían:

10 minutos. Estoy al caer.

Me quedé paralizada y revisé los sms que había recibido antes que ese, todos eran de esa semana. Me advertían que había sido la siguiente elegida, que me estaba espiando y que estaba deseando ponerse manos a la obra. Miré a mi alrededor, todos parecían estar pasándoselo bien.

Miré a través de una de las ventanas, la calle estaba desierta, en aquel lugar solo había una larga carretera, campo y el bar rural que habíamos reservado solo para nosotros. ¿Por qué habría decidido celebrarlo tan aislada del mundo? Soy gilipollas.

—Papá, me ha llegado otro. Dice que en 10 minutos está aquí.

—Déjame ver —cogió el móvil y se rio. — cariño esto es una broma de alguna amiga tuya. Si fuera ese asesino que anda suelto, habría acudido a la policía. Ya sabes cómo va este juego suyo, no te preocupes.

En parte tenía razón, pero, ¿y si ésta vez era diferente? Tenía un oscuro presentimiento. Me sirvieron la tarta y ni si quiera pude probar bocado. Miré el móvil, quedaban 8 minutos. ¿Podría un extraño entrar en mi fiesta, sin levantar sospechas, y raptarme a ojos de todo el mundo? Me estaba volviendo loca. Si era una broma tenía muy mal gusto.

El sonido de un motor se oyó en el exterior. Me di la vuelta y volví a mirar por la ventana. Un coche negro y blanco se paró al otro lado de la carretera. El piloto era un hombre con un pasamontañas que dejaba ver su boca. Sonreía con malicia y con picardía. Mi pulso se aceleró y rápidamente llamé a mi padre.

— ¡Papa! ¡Papa, está ahí! TODO EL MUNDO, POR FAVOR, ESTÁ AQUÍ. VIENE A POR MÍ. —señalé afuera y todos corrieron hacia la ventana. Cuando volví a mirar, el coche seguía allí, pero él ya no estaba. Miré el móvil. 7 minutos. La gente empezó a murmurar y mi padre me cogió por el hombro.

—Cariño, estás exagerando un poco.

—No, de verdad que lo he visto. ¡Está aquí joder! —la desesperación se reflejaba en mis ojos tan intensamente que pareció que mi padre entraba en razón.

—De acuerdo, voy a llamar a la policía. Cerrad bien puertas y ventanas, sellas todas las entradas y salidas. No quiero a nadie fuera del edificio, no os quedéis solos y si alguien va algo que grite de inmediato.

La gente empezó a ir de un sitio a otro, comprobando las ventanas, yendo de una sala a otra, comprobando las cerraduras, los pestillos, los candados, todo. Mi padre llamó por teléfono a la policía y dijeron que en 10 minutos llegaría una patrulla. 10 minutos sería ya tarde. Miré de nuevo el reloj del móvil. 4 minutos. Estaba aterrorizada. Solo quería que la gente me envolviera e hicieran de barrera humana para que no me pudiera llevar consigo.

Cuando creyeron que estaba ya todo controlado, se amontonaron todos a mi alrededor. Mi padre me abrazó con sus brazos, mi madre al otro lado, apoyando la frente en mi hombro y sollozando, todos en silencio esperando una señal. De repente, mi móvil recibió otra notificación. Tragué saliva y miré de que se trataba. Era un video. Todos se juntaron para verlo conmigo. Le di al play y aparecimos todos nosotros, grabados desde una de las ventanas del otro lado de la sala, mirando la pantalla del móvil. Grité y miré hacia la ventana de la que habían grabado y no había nadie. El grupo se separó y algunos corrieron hacia allí para buscar el escondite del psicópata.

Me llegó otra foto, esta vez desde otro ángulo. Mi familia se estaba descontrolando, buscando de un sitio a otro. El terror era real, sabía que aquel ser malévolo solía disfrazarse y podía hacerse pasar por un familiar sin que se notara el cambio. Empecé a sospechar de todo el mundo, todo aquel que se acercara de forma sospechosa tenía papeletas para ser el asesino.

A mi alrededor, todos corrían y revisaban las ventanas, el exterior, el interior, la cocina, los baños, nadie gritaba ni decía nada. El móvil, sobre la mesa, indicaba que ya era la hora y empezó a pitar. Pero, un momento. Yo no había puesto ninguna alarma. Aquel no era mi móvil, el mío estaba en el bolsillo de la chaqueta. Me quedé mirando la pantalla de ese móvil como paralizada y entonces una mano salió de detrás de mí y lo cogió. Intenté gritar y cuando me giré vi un hombre con un pasamontañas que me tapaba la boca con un pañuelo.

Entonces suenan las sirenas de la policía. Todos se agolpan a la ventana y les dan acceso al interior. Mi padre se levanta y los saluda, comprueban que no haya nadie extraño en el edificio y luego vienen a hablar conmigo. Pero yo ya no estoy allí. En mi lugar han puesto un muñeco vestido con mi ropa. Cuando se dan cuenta, yo he desaparecido con él, y no recibirán mas noticias hasta que mi cuerpo aparezca sin vida en medio de una calle.

Me desperté gritando, sudando, llorando. Estaba en mi cama, a mi lado estaba mi novio que también se había despertado asustado por mi sobresalto. Me toqué la cara, me miré las manos, observé todo. Lo primero que miré fue la ventana, luego la puerta. Todo estaba cerrado, todo en orden. El reloj de mesa marcaba las 3 de la mañana. Mi novio me abrazó y me besó la cabeza. Todo había sido un sueño. Me acosté entre sus brazos, con los ojos como platos mirando al techo. Todavía tenía miedo pero poco a poco empecé a pensar con claridad y me di cuenta que dicho psicópata solo existía en mi mente. Suspiré, abracé a mi novio y cerré los ojos. Entonces oí el motor de un coche que se aproximaba, y aparcaba al otro lado de la ventana.

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