Mi día a día.

Valencia duerme al otro lado de mi ventana, todo en silencio, a excepción de la melodía del saxofón que sale de mis auriculares y de unas tímidas gotas de lluvia que chispean sobre el cristal. Apenas hay dos nubes, pero van tan cargadas que no pueden aguantarse a llegar a la costa. El pitido del microondas me avisa de que el chocolate caliente ya ha terminado de dar vueltas, y un nuevo libro de mi autor favorito me espera sobre el sillón. ¿Os parece una noche perfecta? Pues todavía no he mencionado que mañana es domingo y que tengo toda la noche por delante para leer, beber y escuchar cuanto me apetezca, sin nadie que me moleste.

Le doy al botón del microondas y se abre la puerta. La taza está humeante y huele a paraíso. Maldita sea, ya se me ha olvidado comprar nubecillas para acompañar el chocolate. Bueno, tampoco pasa nada, tengo ensaimadas por algún sitio. Me pongo a buscar y rebuscar por los cajones, por las alacenas, por la despensa, incluso en la nevera. A veces soy tan despistada que puedo llegar a meter en el refrigerador incluso las bragas. No me preguntéis cómo, pero un día me las encontré allí dentro, bien fresquitas. Nada, ni rastro de las ensaimadas. Pero he visto un paquete de palmeritas antes, en la despensa. Vuelvo a buscar, pero no las encuentro. Me empiezo a cabrear. ¿Pero qué puñetas pasa hoy? Lo pongo todo patas arriba y cuanto más desordenado más mala leche me entra. Me quito los auriculares, el saxofón me está poniendo histérica en este momento. Pues a tomar por culo, me tomaré el chocolate solo.

Cojo la taza y me siento en el sillón, aplastando el libro con el culo. Lo saco de ahí abajo y miro que esté bien. Menos mal, todo intacto. Dejo el libro y el chocolate sobre la mesita y me recojo el pelo en una coleta. Mi rostro se refleja en el cristal de la ventana. ¿Por qué me salen moños perfectos cuando no voy a salir de casa? Debería hacerme un selfie. Desbloqueo el móvil y abro la cámara, alargo el brazo y me pongo en posición mientras aprieto el botón. La luz es una mierda, mejor le pongo algún filtro con brillo, para que se vea mejor. Este es perfecto, ¿o mejor en blanco y negro? A ver, tal vez si los combino… no, mejor la dejo a color. Borro imperfecciones, le pongo brillo a los ojos y perfecto. Lista para compartir. La subo al Instagram, al Twitter, al Facebook y al grupo de amigas del whatsapp, y ya de paso también a mi nuevo ligue.

Ahora sí, toca ponerse a leer. Bloqueo de nuevo el móvil y miro hacia la cocina. Está todo hecho un desastre y me apetece una ensaimada. Que mala uva. Bah, da igual. Cojo la taza y le doy un trago al chocolate, que ya se ha enfriado un poco y está a la temperatura perfecta. Justo cuando cojo el libro me entra hipo. Lo que me faltaba. Qué rabia me da el hipo. Desde que soy pequeña siempre me da el hipo cuando me pongo nerviosa. Pero no estoy nerviosa ahora. ¿O sí? Debo de estarlo, quizá debería prepararme una tila en vez de beberme el chocolate. A demás me tiene que bajar la regla y me van a empezar a salir granos. Y tengo una boda dentro de dos semanas. Pues sí, va a ser que me haré una tila.

Me levanto de nuevo y rebusco en la cocina a ver qué tengo. Encuentro de todo, te, poleo, infusiones de todo tipo, menos tila. Si hace nada compré una caja entera, junto con las ensaimadas y un par de revistas de cotilleo. ¡Ostras! ¿Dónde está la compra que hice? Voy al salón y rebusco por todos lados, por entre los huecos del sofá, quien sabe, por debajo del mismo, en la mesa, detrás de la tele… tampoco está en el dormitorio, ni en el baño, ni en el recibidor. Joder, seguro que me lo dejaría en el autobús. Bueno, al fin y al cabo tampoco había nada importante en aquella compra.

Me siento de nuevo en el sillón y me siento con las piernas cruzadas. Que le den a los granos, a la regla y a la boda. Le doy otro trago al chocolate pero ahora está frío. Manda narices. Las lucecitas del móvil me indican que tengo notificaciones: Un par de likes en todas las redes, comentarios de mis amigas y… mi ligue me ha leído pero no me ha contestado. Pues muy bien, tampoco me importa tanto. Al fin y al cabo, no quiero agobiarme con una nueva relación ahora.

Ahora sí que sí, cojo el libro y me pongo a leer, pero a las 10 páginas me doy cuenta de que no estoy enterándome de nada y suena la alarma de mi móvil. Genial, ya van a echar mi serie favorita en la tele. Todo el tiempo que tenía para leer al traste. Pues nada, lo volveré a intentar mañana, a ver si hay suerte, y si no, pasado. Porque hay tantos días como churros ¿no?

(Yo, todos los días del año)

Anuncios

2 comentarios en “Mi día a día.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s