[Reto 52] 2. La escalera

  1. Describe una escena sensual con una pareja que termina desnuda en la barra de un bar.

Eran las 4 de la mañana y el bar estaba vacío. Sólo quedaban allí Sara, Rita y los dos hermanos gemelos Quique y Ángel. Los cuatro jugaban por parejas al strip póker entre chupitos de ginebra y cigarrillos Marlboro. Rita y Ángel eran novios desde hacía ya un año y aquella noche habían salido a celebrarlo al bar de Sara. Rita y Sara se conocían desde niñas pues vivían en la misma calle y siempre habían estado juntas, y Quique no sólo era hermano de Ángel, sino también compañero de vida. Los cuatro habían coincidido ya un par de veces, en fiestas y cumpleaños.

Así pues, Ángel y Rita jugaban mano a mano contra Quique y Sara, pero estaban recibiendo una soberana paliza. Ya iban en ropa interior mientras que sus oponentes tenían toda la ropa puesta.

—Vale, nosotros nos plantamos. —dijo Rita, bebiendo un último trago de ginebra.

—Venga ya. Eres una siesa, siempre te rajas en la mejor parte —contestó Sara.

—Lo que tú digas. —Rita le sacó la lengua y empezó a vestirse. Ángel hizo lo mismo dejando las cartas boca abajo.

—Sólo por curiosidad… —Quique cogió las cartas de Ángel y las miró. —Bien hecho hermano, una retirada a tiempo es una victoria.

Sara se encendió un cigarro y Quique sirvió otra ronda de chupitos pero Ángel y Rita ya no estaban para muchos trotes. Se vistieron, se despidieron de sus amigos y se fueron a casa.

—¿Uno contra uno? —retó Quique a Sara. — ¿O también vas a abandonar ante el rey del póker?

—Discúlpame rey del póker, pero gracias a mí hemos ganado casi todas las manos —Sara empezó a mezclar las cartas como respuesta a su pregunta y repartió. Luego se bebió su chupito del tirón y lo dejó en la mesa con un golpe seco, desafiante.

—Vaya, con que te crees rival.

Empezaron a jugar con pausa, ninguno de los dos quería perder, y se pensaban mucho sus jugadas y sus decisiones. Los dos tenían todavía toda la ropa puesta y tenían que desarmar al otro lo antes posible. Sara intentó despistar a Quique con conversaciones que invitaban a la confusión y Quique por otro lado buscaba emborrachar a Sara para obtener ventaja a la hora de pensar estrategias. Fueron un par de partidas muy reñidas y terminaron ambos en ropa interior. Una partida más y uno de los dos sería el vencedor.

—¿Preparado para perder? —Sara sonrió con picardía y puso tres cartas sobre la mesa. Eran un 6 y 8 de picas y un 9 de corazones. La jugada era peligrosa pues era fácil hacer una escalera.

—No estés tan segura de ello. Tengo una mano fuerte. —Se bebió el culín que quedaba en la botella de ginebra y sacó otra carta. Un 6 de picas. — Esto está reñido.

—Para nada, voy a ganar y esos calzoncillos de batman terminarán en el suelo de mi bar. Es más, creo que me los quedaré y los enmarcaré en esa pared de ahí. —dijo, señalando un hueco al lado de la diana.

Sacaron la última carta, un 9 de rombos.

—Ya es mía. —Quique enseñó sus cartas. Tenía un 5 y un 7 — Escalera.

Sara soltó una risa por lo bajo y le dio unos golpecitos a sus cartas con los dedos.

—Ahora es cuando yo te enseño mis dos seises y te hago un Poker. — Quique se quedó de piedra. — Pero solo tengo un As y un 2.

—¡Si! —Sara soltó sus cartas y Quique se levantó de la silla victorioso.

Sara también se levantó y se desabrochó el sujetador y las bragas. Quique seguía celebrando su victoria y ni se dio cuenta del espectáculo, cuando volvió a mirar a Sara, sus curvas lo hipnotizaron. No sabía si la culpa la tenía la liberación de adrenalina causada por el juego, el alcohol en su sangre o la erección que estaba teniendo. Sara se cubría los pechos con los brazos y rápidamente se fue detrás de la barra a ordenar un poco todos los vasos de cubata que quedaban en pie.

—Cómo, ¿no vas a dejarme saborear la victoria? Déjame verte entera.

Quique fue también detrás de la barra y se colocó detrás de ella. No pudo evitar acariciarle una nalga con los dedos. No pensaba con claridad, el alcohol le había nublado la mente y ahora solo pensaba con el pene. Sara se contrajo al sentir el tacto de las manos frías de Quique en su trasero y dejó de ordenar la barra. Se le erizó la piel de la espalda y notó como le respiraban detrás de la oreja.

Todo pasó demasiado rápido, ambos estaban bajo los efectos del alcohol y no supieron cómo ni porqué pero cuando Sara se quiso dar cuenta estaba metiéndole la lengua en la boca a Quique sentada sobre una barra mojada de Vodka y RedBull. Le tocó el sexo a Quique por encima de los calzoncillos y automáticamente el calor bajó por su vientre. Quique hizo lo mismo con ella y notó cómo se le mojaban los dedos de un líquido pegajoso y caliente. Ninguno decía nada pero la fiereza con la que se comían los labios era suficiente para adivinar cual era el siguiente paso.

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